¿Y tú?

Sólo espero a la muerte
por saber si alguna vez estuve vivo.

Compañía


me muevo entre acordes
y versos que ya he escrito,
melodías saturadas,
echo y reverb... y
escribo en primera persona,
porque no hay una segunda persona,
es decir, hay plurales,
nosotros, vosotros,
hay ellos, incluso cuando ellos eran nosotros
y vosotros, vosotros seréis algún día ellos,
en fin,
hay primera persona,
y ser el primero gusta hasta que lo eres,
entonces vuelvo al final de la cola,
de nuevo, retrocedo al plural, siempre en busca
pensaste que era del yo?
pensaste que tus dudas eran la identidad?
el ego
se define en las distancias cortas,
el contacto,
el tú,
tú,
tú,
sin ti no hay nada.

contacto
y calor,
energía,
para poder volar el polvo inerte
que nos compone.
sin esto,
no hay nada,
no puede, de verdad,
haber nada.

Deshizo el mundo en siete días


Uno
Sonrío, me caigo,
tropiezo y me levanto,
y sigo caminando.

Dos
Sonrío, me caigo,
me echo a llorar,
la gente me ve
y me ayuda a levantar.

Tres
Sonrío, me caigo,
me quedo en el suelo,
llorando, un buen rato,
y no viene nadie
porque pasan de largo.

Cuatro
Sonrío, me caigo,
se paran a mi alrededor,
como las nubes de abril,
se ríen de mí.
Me echo a llorar,
no quiero estar aquí.

Cinco
Salgo, me caigo,
y desde ahí abajo
busco una mirada.
La gente se acerca
y me da patadas.

Seis
Salgo, me caigo,
llorando.
La gente me mata,
y el resto que pasa
me da la espalda.

Siete
Nadie sale, nadie se cae.
Nadie llora. Nadie mata.
Nadie sonríe.
Todos están muertos.
Ya no queda nada.

vidas

ya sólo queda camino por recorrer
y personas que acompañar,
ya mi surco tracé,
ahora, andar.
ya sólo queda camino,
como una inmensa brecha rompiendo el horizonte,
un lapso en el mundo,
un átomo en la incertidumbre.

Tristes, tristes

Tristes armas
si no son las palabras
Miguel Hernández

...

Tristes, tristes. 
Tristes las palabras, 
si matan como armas.

.-.-.-.-.-.-.-.


Recuerdo las canciones que cantabas.
A veces me gustaban, otras no, lo reconozco, pero recuerdo aquella que me cantaste cuando hicimos cuatro años, ahora al escucharla te escucho a ti. Es triste recordarlo.
No comprendo el tiempo, pero lo siento pasando como el aire, y pienso en tu canción mientras todo lo demás parece volatilizado.
La gente muere de esto; yo, te agradezco que la cantases.

Un día llamaron a mi puerta

Vivía en una habitación pequeña. Tenía la puerta abierta casi todo el tiempo, deseando que la gente que pasaba por delante se parara y entrara a hablar conmigo, a compartir sus pensamientos y sus vivencias.
Nadie entraba nunca. Pasaban de largo. Miraban, me sonreían, me saludaban, pero no paraban, ni entraban.
Cuando me cansaba de ver pasar a la gente sin resultado, cerraba la puerta, deseando que alguien viniera y llamara, e ir a abrir y charlar un rato.
Nadie llamaba nunca. Oía a la gente pasar, pero a nadie le importaba.
...
Un día llamaron a mi puerta.
Y no abrí.